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¡Su cesta está vacía!
No toda la piel envejece igual, ni al mismo ritmo. Una parte del envejecimiento es inevitable —viene marcada por la genética—, pero otra buena parte depende de la exposición al sol acumulada a lo largo de los años. A esta segunda se le llama fotoenvejecimiento, y es la única de las dos que realmente puedes prevenir.

La piel envejece a través de dos procesos que ocurren en paralelo, pero que tienen causas y consecuencias muy distintas:
Es el paso natural del tiempo: la producción de colágeno se reduce de forma progresiva a partir de los 25-30 años. Está determinado por la genética y es inevitable. Produce una piel más fina y con menos elasticidad, pero de forma uniforme en todo el cuerpo.
Es el daño acumulado por la exposición solar a lo largo de los años. Afecta sobre todo a las zonas más expuestas al sol (rostro, cuello, escote, manos) y es, a diferencia del anterior, en gran parte prevenible.
La diferencia práctica es importante: mientras que no puedes hacer nada para frenar el envejecimiento cronológico, sí puedes reducir significativamente el impacto del fotoenvejecimiento con hábitos de protección solar constantes.
La buena noticia es que, al ser en gran parte prevenible, hay medidas concretas que marcan una diferencia real:
El fotoenvejecimiento no se revierte del todo, pero sí se puede frenar en gran medida. Cuanto antes se empiece con la protección solar constante, menor será el daño acumulado con los años.
Si notas manchas que cambian de forma, tamaño o color, o lesiones que no cicatrizan, consulta con un dermatólogo: aunque la mayoría de signos del fotoenvejecimiento son solo estéticos, la exposición solar acumulada también es un factor de riesgo para el cáncer de piel, y conviene descartarlo ante cualquier cambio sospechoso.
No del todo, pero sí se puede frenar y mejorar parcialmente su aspecto con protección solar constante y activos como antioxidantes o retinol. La prevención es siempre más efectiva que intentar corregir el daño ya acumulado.
No. La exposición cotidiana y sin protección —caminar, conducir, estar cerca de una ventana— también acumula daño con el tiempo, aunque no haya quemadura de por medio.
El daño empieza a acumularse desde la infancia, aunque los signos visibles suelen notarse más a partir de los 30-40 años, dependiendo de la exposición solar acumulada y el tipo de piel.
Sí. Gran parte de la radiación UV atraviesa las nubes, por lo que la piel sigue expuesta y acumulando daño aunque no haga sol de forma visible.
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