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Un protector solar específico para cada tipo de piel, actividad o tiempo de exposición a los rayos nocivos del sol que dañan la piel de las personas. Las cremas de protección solar son productos de parafarmacia cuyo objetivo es bloquear la radiación ultravioleta, reduciendo el riesgo de quemaduras y de daño cutáneo a largo plazo.
Para el uso diario en rostro, conviene una textura ligera que no sature la piel bajo el maquillaje o la rutina de mañana. El Fotoprotector Fluido Facial SPF50+ Enclar combina protección UVA+UVB+IR con coenzima Q10 y vitamina C, y la Emulsión Fluida Enclar SPF50+ ofrece una alternativa igualmente ligera con vitaminas C y E.
Para uso deportivo, playa o piscina, donde el producto debe resistir el agua y el sudor, el Spray Transparente Wet Skin SPF50+ se aplica tanto en piel mojada como seca sin dejar residuo blanco, y el Fotoprotector Activo Enclar SPF50+ incorpora aloe vera para calmar la piel tras la exposición.
Los complementos con betacaroteno, como el ActiveComplex Caroteno+E, ayudan a preparar la piel para la exposición solar desde dentro. No sustituyen a la crema con SPF, pero pueden usarse junto a ella durante los meses de más sol.
Algunas ideas extendidas no son del todo correctas: usar protector solar no impide broncearse, solo hace que el bronceado se desarrolle de forma más gradual y con menos riesgo de quemadura. Y los autobronceadores, aunque no dañan el ADN de la piel, tampoco protegen frente al sol: siguen necesitando protector solar encima. Puedes leer más sobre esto en nuestro artículo Cómo prevenir los efectos nocivos de la exposición solar, o consultar los 10 factores que intervienen en la protección solar si quieres profundizar en cómo varía la intensidad UV según la hora, la estación o el entorno (nieve, altura, agua).
Depende del tipo de piel y del tiempo de exposición, pero como referencia general se recomienda un SPF de al menos 30, y SPF50 para pieles claras o exposición prolongada. Aplicar cada dos horas, o después de nadar o sudar.
No necesariamente. Los faciales suelen tener texturas más ligeras y formulaciones pensadas para no obstruir los poros ni interferir con el maquillaje, mientras que los corporales priorizan resistencia al agua y facilidad de aplicación en zonas grandes.
No. Ayudan a preparar la piel desde dentro, pero no bloquean la radiación UV como sí hace una crema con SPF. Se recomienda usarlos como complemento, nunca como única protección.