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La contractura muscular es una de las molestias más frecuentes en cuello, espalda y trapecios. Te explicamos por qué aparece, cómo distinguirla de otras dolencias y qué puedes hacer para aliviarla en casa.
Una contractura es una contracción involuntaria y mantenida de un músculo o grupo muscular, que se queda "en tensión" incluso cuando no hay actividad. Se nota como un nudo duro y doloroso al tacto, con la zona más rígida de lo habitual. No debe confundirse con una lesión articular (como las que vimos en nuestro artículo sobre articulaciones) ni con un esguince: en la contractura el problema está en el músculo, no en el hueso ni en el ligamento.
Si el dolor aparece de forma súbita tras un golpe o esfuerzo intenso, o va acompañado de hormigueo, pérdida de fuerza o fiebre, no se trata de una contractura simple — conviene acudir a un profesional.
Recomendable en las primeras 24-48 horas si hay una lesión o sobrecarga reciente clara, porque reduce la inflamación aguda. Productos como Fisiocrem Spray Active Ice ofrecen un efecto frío inmediato y fácil de aplicar.
La opción más habitual para contracturas ya asentadas (las más comunes): relaja la musculatura y mejora el riego en la zona.
Para la mayoría de contracturas leves, unos cuidados sencillos suelen ser suficientes:
Puedes ver toda nuestra selección de cremas y antiinflamatorios para el dolor muscular, con opciones en crema, gel y pomada según lo que mejor se adapte a ti.
Estirar y fortalecer la zona afectada de forma regular reduce las probabilidades de que la contractura vuelva a aparecer, sobre todo si tu día a día implica muchas horas sentado. Próximamente ampliaremos este tema con una guía específica de ejercicios para la zona lumbar.
Consulta con tu farmacéutico o médico si el dolor no mejora en unos días, si es muy intenso, si se repite con frecuencia en la misma zona, o si aparece junto a otros síntomas como hormigueo, pérdida de fuerza o fiebre.
Con cuidados en casa (calor, cremas tópicas, movimiento suave), la mayoría mejora en pocos días y se resuelve en torno a una semana. Si persiste más tiempo, conviene consultar.
El frío es más adecuado en las primeras 24-48 horas tras una lesión o sobrecarga clara (reduce la inflamación); el calor ayuda más en contracturas ya asentadas, relajando la musculatura. Ante la duda, consulta con tu farmacéutico.
El movimiento suave suele ser mejor que el reposo total, que puede prolongar la rigidez. Evita esfuerzos intensos, pero mantén cierta actividad si el dolor lo permite.
Si el dolor no mejora tras varios días, es muy intenso, se repite con frecuencia, o aparece con hormigueo, pérdida de fuerza o fiebre, es momento de consultar con un profesional.
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